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UN POCO DE HISTORIA DEL VALLE

No deja de ser un dato curioso el hecho de que el asentamiento humano más antiguo de América se ubique en Monte Verde, en las inmediaciones de la ciudad de Puerto Montt y, por lo tanto, en la misma región de Cochamó. ¡Un grupo de personas se ubicó allí hace 12.500 años! Y desde entonces que los habitantes prehispánicos han explorado la zona.

El Valle de Cochamó, sin embargo, quedó oculto durante siglos a los ojos de los conquistadores europeos, los criollos chilenos y los colonos. Sin embargo, hacia fines del siglo XIX, este lugar adquirió relevancia no tanto por su belleza escénica y biodiversidad y potencial deportivo, sino por un material que, en ese entonces y al igual que hoy, es muy valorado: la madera de alerce. En vistas a la extracción maderera, con el tiempo se fue consolidando una ocupación per- manente del valle de Cochamó y poco a poco se fueron abriendo senderos en medio de un follaje que parecía impenetrable.

Ya en tiempos más recientes, la tala del alerce fue prohibida y hoy el valle atrae a mucha gente por sus otras bondades: la pureza de la naturaleza, el disfrute de la vida al aire libre y los deportes outdoors, donde la escalada se vuelve la especialidad. ¿Y cómo partió esto último? Aquí empieza la historia reciente. En 1996, el norteamericano John Fross, quien estaba recorriendo el río Cochamó en kayak, tomó fotografías del valle y se las mostró a sus compatriotas Steve Quinlan y Chris Ann Crysdale. Ambos llegaron a la explanada donde actualmente se encuentra el refugio, pero no pudieron alcanzar las grandes paredes debido a la densa vegetación existente en la zona.

Al volver a EE.UU., Quinlan relató su experiencia a Crispin Waddy, quien junto a Nell Doust definió el primer sendero hasta los pies del cerro Trinidad en 1997. Luego de un frustrado intento a la Torre Norte, ambos continuaron su viaje por Chile hacia las Torres del Paine, donde convencerían al equipo británico confor- mado por Ali Thomas, Roger Hughes y Simon Nadin de ir a conocer este “paraíso escondido”. Fue ese grupo de ingleses el que estableció la primera vía del lugar: Stirling Moss (5.10; 100 m).

Desde entonces, Cochamó ha ido en auge. Esto ha llevado a que algunos lo califiquen como el "Yosemite de Sudamérica", en tanto que un gran centro de es- calada de talla mundial y con mucho potencial aún por desarrollar.

¿Qué se puede hacer?

De todo un poco. El Valle de Cochamó ofrece un sinfín de posibilidades. Además de practicar deportes ligados al agua (como el kayak, el canyioning y la pesca), es posible hacer cabalgatas y disfrutar también de las maravillas naturales que hay en el sector como las cascadas y el pozón donde se encuentran los toboganes del río La Junta.

La mejor forma de disfrutar la vida al aire libre es acampando. Sin embargo, debes saber que sólo está permitido acampar en los campings habilitados. En el valle hay tres campings (La Junta, Trawen y Vista Hermosa). Pero para los efectos prácticos, los tres cobran lo mismo por persona y por noche. Información im- portante: especialmente en temporada alta (verano), es necesario reservar con antelación y pagar por anticipado. Esto se hace para que el lugar no se sature y se pueda proteger el medio ambiente. Estos campings cuentan con instalaciones básicas (baños de compostaje, duchas, mesas, ambientes techados con fogones, lavaplatos, etc.). También existe un refugio. Como en muchos otros lugares, está prohibido hacer fogatas.

Hay numerosos senderos que puedes emprender desde La Junta. Sin embargo, todos demandan varias horas de un esfuerzo que no es menor y presentan difi- cultades entre altas y moderadas. Por lo mismo, sólo están recomendados para personas con experiencia en trekking. Como sugerencia, podemos nombrar la caminata a los Valles Altos (con vistas espectaculares) y hasta el cerro Trinidad (1.720 m). Se trata de una maravillosa montaña de granito y un trekking hasta su base bien vale la pena. Dentro de las opciones destaca el ascenso al cerro Arcorisis (1.676), el que ofrece magníficas vistas y una sensación inigualable de perderse en la naturaleza. Sin embargo, aquí es preciso saltar por sobre piedras, ramas y troncos tumbados, además de realizar algunos trepes y valerse de la ayuda de un pasamanos. La ladera es empinada (son 1.380 de desnivel) y resbalosa y, en caso de lluvia, puede volverse muy peligrosa. Quien se aventure a este ascenso debe estar consciente de los riesgos que asume.

Esta es probablemente la actividad más característica de la zona. De hecho, la Revista Desnivel caracterizó este lugar como uno de los mejores lugares para escalar en el mundo y le dedicó un número (N° 388). Las grandes paredes de granito permiten la práctica del Big Wall, ya que algunas superan hasta los 1.000 m y presentan fisuras que todo escalador apasionado quisiera probar. Y, para quienes no se manejan en grandes paredes, también hay sectores de escalada deportiva. Existe también un muro de granito que se puede escalar en días lluviosos, pues se mantiene seco (y por eso recibe el nombre de Pared Seca). Si vas a escalar, ¡no olvides informarte acerca de las rutas que hay y llevar contigo los topos!